Sólo de pensar en tamaño rabo en mi boca y penetrándome mojé las bragas, me despedí de mis amigas y le dije al mozo… “venga, vamos a qué me muestres tus veinticinco y más te vale que sea verdad”. Nos empezamos a morrear allí mismo, en la calle, delante de todo el mundo y el tipo no paraba de meterme mano en mi culo, tetas y yo ya notaba como su polla, que prometía ser enorme, se ponía dura y se frotaba contra mi pubis. Estábamos tan calientes que el tío me llevo a un parque cercano, me bajó las bragas en medio del césped, se bajó los pantalones y sacó su polla, que si no tenía veinticinco centímetros y un grosor proporcional, poco le faltaba. Caliente como yo suelo estarlo, empecé a mamarle la polla como si en ello me fuera la vida y de tan excitado que estaba él podía sorber su líquido preseminal, cosa que me vuelve totalmente loca. Después de un buen rato comiéndole la polla y los huevos, el tío me abrazo, me abrió de piernas y me la metió toda entera moviéndola rítmicamente a un ritmo endiablado. La posición y el lugar no eran lo más cómodo pero gocé como pocas veces con sólo un hombre teniendo este real miembro dentro de mi coño y encadené una serie de orgasmos simultáneos como hacía tiempo que no tenía… El tipo, del cual no sabía ni el nombre, la sacó segundos antes de correrse dejándome completamente mojada con su leche. A cambio de este breve momento de placer, me sequé la leche con mis bragas y se las regalé mis bragas impregnadas también con mis líquidos.
Volví a casa descalza, con mis zapatos de tacón en la mano, sin bragas, pero satisfecha del momento vivido. Y eso no lo puedo decir siempre que estoy con un solo hombre.
