martes, 10 de enero de 2012

El origen de todo ésto

Llego al último antro abierto de la ciudad al salir de mi trabajo de camarera de discoteca. Llamo al timbre, se abre la mirilla, me abren la puerta y bajo unas escaleras. Fuera es ya de día. Dentro, la noche se alarga hasta lo indecible. Dentro, la fauna indescriptible de las siete de la mañana de un día laborable. Un hombre sólo apoyado en la barra y hablando con su vaso de whisky. A dos travelos con el rímel corrido erguidos sobre sus tacones de aguja les entra la risa tonta. Un grupo de tres colegas metiéndose en la misma barra del bar. Parece mentira pero el tugurio se va llenando con los expulsados de las discotecas, los camareros, las go-gos... El humo, pese a la prohibición, lo invade todo…
Entonces entro yo, cimbreándome sobre mis zapatos de tacón alto, la melena lacia y suelta sobre mis hombros desnudos. Destaco, como una flor todavía no marchita, en medio de esas almas perdidas en el fin de la ciudad.
-          Nena, ¿te has perdido? –me entra un desconocido.
-          Me parece que el perdido eres tú –le contesto con descaro.
-          Es que te veo tan fresca en comparación con toda esta gente…
-          Gracias por el piropo. Pero, ¿tienes algo más que ofrecerme?
-          ¿Qué te parece este metro noventa que tienes delante?
-          Bah, los he visto mejores –contesto, repasándolo con la mirada de arriba abajo y de abajo a arriba.
-          Vaya, la princesa del barrio se pone chulita…
-          ¿Tienes coca, metro noventa?
-          Algo me queda…
-          ¿Me invitas?
-          ¿A qué? ¿A una cerveza?
-          No cariño, a un tirito.

Desaparecemos en el lavabo y en la antesala nos metemos el polvo blanco en la nariz. El desconocido me besa. Le respondo al beso haciendo que mi lengua juegue con la suya.
-          ¿Quieres que vayamos a tu casa? Tengo ganas de más –le sonrío metiéndole mano en el paquete por fuera del pantalón.
-          No. Hoy no tengo casa. Viene la señora de la limpieza.
-          Me han puesto muchas excusas pero esta es de las mejores, ja, ja, ja –mientras, sigo retorciendo el paquete del desconocido, ya duro.
-          ¿No podemos ir a la tuya? –sugiere el desconocido.
-          Creo que a mis padres no les haría gracia verme con un tipo como tú.
-          Tampoco creo que les haga gracia saber que estás aquí a las 8 de la mañana, metiéndote rayas con un desconocido al que tocas el paquete, cuando deberías estar en la universidad o trabajando.
-          Uy, sí, sí, sí… Eres un estúpido y un grandísimo gilipollas, ¿te enteras? ¿Quién coño te crees que eres? ¿Mi guía espiritual? –saco un cigarrillo del bolso y lo enciendo lentamente mientras lo miro fijamente, retadora-. Quiero que me folles. Aquí. Ahora. Rápido.

Nos encerramos en uno de los baños. Le empiezo a chupar la polla al desconocido y cuando ya está bien dura, me subo la faldita, me bajo las bragas y le exijo “Métemela, cabrón”. Así, sin condón. El desconocido me penetra y empieza a mover las caderas, con los pantalones bajados hasta las rodillas y a bombearme sin cesar. Grito cuando llego al orgasmo en el momento en que empiezan a aporrear la puerta. “¡Ya está bien, joder! ¡Salir de una puta vez!”. El desconocido saca su miembro duro de mi interior y sin correrse se la vuelve a meter en el pantalón. “¿No te corres?” –le pregunto extrañada. “Es el problema que tiene la coca nena, que retarda mucho la eyaculación. No puedes ir enfarlopado y hacer un aquí te pillo, aquí te mato. Otra vez será…”.
Salimos los dos del lavabo. Respiro profundamente y tiro la cabeza hacia atrás, arreglándome la melena.
-          Gracias por el polvo y por la raya. Me voy a casa mucho más tranquila…
-          De nada… -sonríe el desconocido-. Por cierto, ¿cómo te llamas?
-          Me llamo como tú quieras que me llame.
-          Una cosa más… ¿me regalas tus bragas?
-          ¿Para qué quieres tú mis bragas?
-          Soy coleccionista de bragas robadas a chicas que encuentro perdidas en la noche…

Me bajo las bragas, me las saco, hago una bolita de las mismas y se las pongo en la mano al desconocido.
-          Gracias, Patsy.
-          De nada, metro noventa.

Salgo por la puerta del baño, me pierdo en la multitud y ya no lo vuelvo a ver más. Salgo del antro, me tomo un café. Son sólo las nueve de la mañana y ya es hora de volver a casa. El sol matutino me ciega los ojos. Desde entonces me llamo Patsy y vendo mis braguitas húmedas al mejor postor.

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Y te vas a perder mis veinticinco?

¿No sabéis lo que me paso la otra noche durante una fiesta en una carpa con un grupo de amigas? Estábamos tomando unos gin-tonics y había un grupo de tíos por allí cerca que no nos sacaban ojo. En concreto, uno de ellos, que no estaba nada mal, me desnudaba con la mirada y solo de pensar en tirármelo, ya me ponía caliente. Como llevábamos ya un rato allí y mis amigas querían ir a otro sitio, pensé que esa noche perdía la oportunidad y pensaba acercarme a él para pedirle el móvil, el mail, el facebook o lo que fuera. Cuando el tío vio que nos largábamos se acerco a mí sonriendo y me dice… “Nena, ¿ya te vas y te vas a perder mis veinticinco…? Me lo quedé mirando sin poder reaccionar y sólo acerté a decirle “¿Qué tienes veinticinco años?” a lo que el tipo bajó la vista hacia su entrepierna, sonrió de soslayo y contestó, “No, nena, mis veinticinco centímetros.”


Sólo de pensar en tamaño rabo en mi boca y penetrándome mojé las bragas, me despedí de mis amigas y le dije al mozo… “venga, vamos a qué me muestres tus veinticinco y más te vale que sea verdad”. Nos empezamos a morrear allí mismo, en la calle, delante de todo el mundo y el tipo no paraba de meterme mano en mi culo, tetas y yo ya notaba como su polla, que prometía ser enorme, se ponía dura y se frotaba contra mi pubis. Estábamos tan calientes que el tío me llevo a un parque cercano, me bajó las bragas en medio del césped, se bajó los pantalones y sacó su polla, que si no tenía veinticinco centímetros y un grosor proporcional, poco le faltaba. Caliente como yo suelo estarlo, empecé a mamarle la polla como si en ello me fuera la vida y de tan excitado que estaba él podía sorber su líquido preseminal, cosa que me vuelve totalmente loca. Después de un buen rato comiéndole la polla y los huevos, el tío me abrazo, me abrió de piernas y me la metió toda entera moviéndola rítmicamente a un ritmo endiablado. La posición y el lugar no eran lo más cómodo pero gocé como pocas veces con sólo un hombre teniendo este real miembro dentro de mi coño y encadené una serie de orgasmos simultáneos como hacía tiempo que no tenía… El tipo, del cual no sabía ni el nombre, la sacó segundos antes de correrse dejándome completamente mojada con su leche. A cambio de este breve momento de placer, me sequé la leche con mis bragas y se las regalé mis bragas impregnadas también con mis líquidos.

Volví a casa descalza, con mis zapatos de tacón en la mano, sin bragas, pero satisfecha del momento vivido. Y eso no lo puedo decir siempre que estoy con un solo hombre.

lunes, 29 de agosto de 2011

Sola en casa

He tenido una semana muy loca después de vacaciones. Llegar a casa, deshacer la maleta, lavadoras, la compra, la vuelta al trabajo, así que ayer por la noche, viernes, decidí quedarme en casita de relax. Me preparé una ensaladita, un poco de fruta y me di el capricho de un gin-tonic de postre. Me encanta dedicarme estos momentos de placer. Son muy necesarios en nuestra vida urbana tan intensa.

Mientras me tomaba el gin-tonic saqué del cajón mi vibrador, que hacía días que no usaba y le cargué la batería para una buena sesión de autoerotismo. Me acabé el gin-tonic, encendí el DVD y me puse una película porno gay de esas que me gustan tanto, con hombres musculosos, un poco peludos y sobre todo con unas pollas inmensas, unos culos apretados y que hacen de todo en pantalla.

Me encanta el porno gay, sobre todo las escenas de grupo, con tres o más tíos follando sin parar y me imagino estar en medio de la escena, comiéndoles las pollas y sintiéndome follada por esas vergas interminables y acabar bañada en la leche de todos ellos.

Me puse cachonda en seguida viendo la escena de tres tíos en la ducha, besándose, metiéndose mano en sus pollas, pajeándose mutuamente, comiéndose los rabos y follándose sus culos.

Encendí mi vibrador y estuve jugando un ratito con mi clítoris. No hizo falta mucho rato para llegar a una cascada interminable de orgasmos. Y es que no hay nada mejor para acabar bien la semana laboral, que unos buenos polvos o en su defecto una buena masturbación.

viernes, 3 de junio de 2011

Pablo y Lucas

Ayer invité a cenar a dos de mis mejores follamigos, Pablo y Lucas.
Les preparé un risotto de ceps para chuparse los dedos y una ensalada de frutos rojos. Bebimos vino tinto y un Ricard que había traído Lucas de Francia como aperitivo.
Me ponen mucho Pablo y Lucas. Son waterpolistas y tienen unos cuerpazos !!! Delgados, fibrados, con el culo apretado y un par de pollas que no te las acabas.
Fue acabar de cenar y al ataque. Me excita ver como dos tíos se morrean y se meten mano en los paquetes y no bien estaba sirviendo el postre que ellos ya estaban magreándose y metiéndose la lengua.
Me puse tan cachonda que no pude evitar, allí mismo, en la mesa del comedor, sacarles las pollas de sus slips y comérmelas una tras otra. Mientras me comía la polla de Pablo, pajeaba la de Lucas y viceversa.
Como soy muy glotona, hasta conseguí comérmelas las dos a la vez, mientras ellos continuaban morreándose y Lucas le metía un par de dedos en el culo de Pablo.
Lo debo hacer muy bien, porque minutos después ambos se corrieron en mi boca, inundándome de leche.
Fue el mejor postre que me pudieron ofrecer.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Y me gusta (y IV)

Hola Michael, ¿como estás? Ya que lo preguntas, deberías saber que soy muy gregaria y entonces me gusta que varios hombres me peguen en las nalgas, que me escupan y que se coloquen todos en circulo encima mío y me meen. Ven un día a casa con un amigo o varios y lo pruebas. Un beso.

viernes, 6 de mayo de 2011

Me gusta (III)

Hola Michael otra vez. Hace unos días te contaba que me gustaba comerme un coñito mientras me follaba una buena polla. Pero si quieres más detalles, pues sí, me gusta hacérmelo con tías tan guarras como yo. Tengo un par de amigas con las que a veces quedamos para tomar el café en mi casa y siempre acabamos desnudas en el salón haciendo de todo. Me gusta que me metan los dedos por mi chochito y por mi culo mientras les como las tetas y me recreo en sus pezones. Y me encanta que una de ellas me penetre con un buen dildo por detrás, mientras la otra me hace cosquillas con su lengua. No te puedes llegar a imaginar la cantidad de orgasmos que puedo llegar a tener mientras mi amiga me lame el higo. Una buena amiga te come mejor el coño que cualquier tío, porque sabe exactamente cuál es ese punto que nos hace vibrar a las mujeres. Yo eso no lo cambio ni por la mejor gang bang, ni por ser ensartada a la vez por dos pollas de 20 centímetros. Es algo imposible de explicar, Michael. Desearía que lo pudieras entender. Creo que me voy a hacer una paja, porque solo de pensarlo ya estoy que me salgo. O me hago un paja o salgo a la calle a buscar a cualquiera que me relaje.


jueves, 5 de mayo de 2011

Me gusta (II)

Hola de nuevo Michael. Me gusta que me follen 5 ó 6 tíos, uno detrás de otro y yo completamente abierta de piernas y que mientras esperan para follarme se vayan masturbando. Yo antes les habré comido la polla a todos ellos, uno detrás de otro. Y cuando los 5 ó 6 me la hayan metido, me hayan follado, penetrado, agujereado, cuando ya tenga el coño destrozado de tanta polla, vayan echando su leche encima de mi cara. También me gusta que todos echen su semen en una copa para luego bebérmela. ¿Vendrías a jugar conmigo y mis amiguitos? Yo creo que te lo pasarías muy bien… Un beso.