He tenido una semana muy loca después de vacaciones. Llegar a casa, deshacer la maleta, lavadoras, la compra, la vuelta al trabajo, así que ayer por la noche, viernes, decidí quedarme en casita de relax. Me preparé una ensaladita, un poco de fruta y me di el capricho de un gin-tonic de postre. Me encanta dedicarme estos momentos de placer. Son muy necesarios en nuestra vida urbana tan intensa.
Mientras me tomaba el gin-tonic saqué del cajón mi vibrador, que hacía días que no usaba y le cargué la batería para una buena sesión de autoerotismo. Me acabé el gin-tonic, encendí el DVD y me puse una película porno gay de esas que me gustan tanto, con hombres musculosos, un poco peludos y sobre todo con unas pollas inmensas, unos culos apretados y que hacen de todo en pantalla.
Me encanta el porno gay, sobre todo las escenas de grupo, con tres o más tíos follando sin parar y me imagino estar en medio de la escena, comiéndoles las pollas y sintiéndome follada por esas vergas interminables y acabar bañada en la leche de todos ellos.
Me puse cachonda en seguida viendo la escena de tres tíos en la ducha, besándose, metiéndose mano en sus pollas, pajeándose mutuamente, comiéndose los rabos y follándose sus culos.
Encendí mi vibrador y estuve jugando un ratito con mi clítoris. No hizo falta mucho rato para llegar a una cascada interminable de orgasmos. Y es que no hay nada mejor para acabar bien la semana laboral, que unos buenos polvos o en su defecto una buena masturbación.

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